La aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o aspectos de la misma). Los individuos de la cultura dominada se adaptan, es decir se aculturan, incorporando elementos de la cultura dominante. Una de las causas externas tradicionales ha sido la colonización, como lo observamos en el proceso colonial español en América.
Las luchas territoriales entre los portugueses (bandeirantes) y los españoles –ninguno acataba el Tratado de Tordesillas– llevó al rey de España, Felipe II, a enviar a los jesuitas a la zona. Corría el año 1585 y la misión que les encomendó era tanto defender las fronteras españolas de los ataques de los bandeirantes, como cristianizar y «educar» a los indios guaraníes en las costumbres españolas, evitando, de paso, que fueran capturados como esclavos o que se rebelaran a la conquista a la que se encontraban siendo sometidos. La esclavitud de los guaraníes era habitual en ambos reinos, en el de Portugal porque allí era legal y en el de España porque, a pesar de existir una ley que lo prohibía, tampoco se respetaba.
LAS MISIONES JESUITICAS
Los monjes jesuitas (orden religiosa aprobada por el papa Pablo III en 1540) buscaban evangelizar a los indios, pero también su cooperación en la defensa de las fronteras. Frente a los cambios impuestos por la evangelización: rechazar sus creencias, abandonar sus costumbres semi-nómadas, ser controlados en su trabajo…, les «permitían» mantener su idioma –sólo para usarlo entre ellos, puesto que para tratar con los sacerdotes debían usar el latín– y «dejaban» cierto poder a los caciques, jefes, de cada comunidad. Los caciques de las comunidades de una misión formaban un cabildo en el que tomaban decisiones. De cualquier forma, eran los párrocos los que se encargaban de la gestión de la reducción, así como de la enseñanza. Como el cargo de cacique pasaba de padres a hijos, los hijos también contaban con «privilegios». En este caso era el de ir a la escuela, el resto de niños de la reducción asistían a los talleres donde aprendían un oficio: carpintero, herrero, orfebre, etc. También eran educados militarmente. La militarización de las misiones llevó al envío de soldados para enseñar las técnicas europeas de guerra y al uso de esta fuerza para sofocar rebeliones internas en otros puntos de la zona.
Existen dos visiones históricas contrapuestas acerca del rol ejercido por los jesuitas en América: por un lado, se encuentran aquellos que sostienen que su obra significo un proyecto humanístico, recalcando el buen trato que recibieron los indígenas y la relación pacifica entre ambas culturas. Sin embargo, otros historiadores, concuerdan en que ejercieron un rol fundamental al inculcar la cultura colonizadora, lo que facilitó la conquista de dichas poblaciones.

Imagen de una típica misión jesuitica.
TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS DE RESISTENCIA INDÍGENA A LA CONQUISTA ESPAÑOLA
Las luchas territoriales entre los portugueses (bandeirantes) y los españoles –ninguno acataba el Tratado de Tordesillas– llevó al rey de España, Felipe II, a enviar a los jesuitas a la zona. Corría el año 1585 y la misión que les encomendó era tanto defender las fronteras españolas de los ataques de los bandeirantes, como cristianizar y «educar» a los indios guaraníes en las costumbres españolas, evitando, de paso, que fueran capturados como esclavos o que se rebelaran a la conquista a la que se encontraban siendo sometidos. La esclavitud de los guaraníes era habitual en ambos reinos, en el de Portugal porque allí era legal y en el de España porque, a pesar de existir una ley que lo prohibía, tampoco se respetaba.
LAS MISIONES JESUITICAS
Los monjes jesuitas (orden religiosa aprobada por el papa Pablo III en 1540) buscaban evangelizar a los indios, pero también su cooperación en la defensa de las fronteras. Frente a los cambios impuestos por la evangelización: rechazar sus creencias, abandonar sus costumbres semi-nómadas, ser controlados en su trabajo…, les «permitían» mantener su idioma –sólo para usarlo entre ellos, puesto que para tratar con los sacerdotes debían usar el latín– y «dejaban» cierto poder a los caciques, jefes, de cada comunidad. Los caciques de las comunidades de una misión formaban un cabildo en el que tomaban decisiones. De cualquier forma, eran los párrocos los que se encargaban de la gestión de la reducción, así como de la enseñanza. Como el cargo de cacique pasaba de padres a hijos, los hijos también contaban con «privilegios». En este caso era el de ir a la escuela, el resto de niños de la reducción asistían a los talleres donde aprendían un oficio: carpintero, herrero, orfebre, etc. También eran educados militarmente. La militarización de las misiones llevó al envío de soldados para enseñar las técnicas europeas de guerra y al uso de esta fuerza para sofocar rebeliones internas en otros puntos de la zona.
Existen dos visiones históricas contrapuestas acerca del rol ejercido por los jesuitas en América: por un lado, se encuentran aquellos que sostienen que su obra significo un proyecto humanístico, recalcando el buen trato que recibieron los indígenas y la relación pacifica entre ambas culturas. Sin embargo, otros historiadores, concuerdan en que ejercieron un rol fundamental al inculcar la cultura colonizadora, lo que facilitó la conquista de dichas poblaciones.

Imagen de una típica misión jesuitica.
TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS DE RESISTENCIA INDÍGENA A LA CONQUISTA ESPAÑOLA
Los pueblos originarios de nuestro continente se vieron sometidos a todo tipo de abuso por parte de los europeos. En todo momento considerados inferiores y sometidos a trabajos forzados, la historia de la resistencia se inicia el mismo día que Colon arriba a América.
El rechazo se manifestó de diversas maneras, abarcando desde la simple resistencia pasiva incorporada al quehacer diario, hasta la rebelión armada y generalizada. En muchas zonas conquistadas por el español, los nativos continuaron con sus viejos ritos y creencias, desafiando a la autoridad que intentaba imponer su religión. Estallidos locales y motines de variada intensidad conmovían de tanto en tanto a todas las provincias de la América colonial. Por último, en importantes regiones alejadas de los grandes núcleos urbanos, la guerra permanente caracterizó las relaciones hispano-indígenas.
Generalmente las rebeliones eran estimuladas por hechiceros que anunciaban la llegada de nuevos tiempos. Predicaban el abandono del cristianismo y la vuelta a las tradiciones precolombinas a través del restablecimiento del orden interrumpido por la conquista. En muchos lugares, el milenarismo actuó silenciosamente a espaldas del español, originando movimientos que cuestionaban la dominación hispana en un plano ideológico y cultural. Quizás el caso más conocido fue el del Taqui Ongo en el Perú de las últimas décadas del siglo XVI. Este movimiento preconizó el enfrentamiento de los dioses indígenas con el dios cristiano, donde el triunfo pertenecería a los primeros. De esa manera, los europeos serían expulsados del mundo andino, iniciándose un nuevo ciclo cósmico.
A la rebelión violenta y al milenarismo hay que agregar la incorporación parcial de algunos elementos de la doctrina católica, con el propósito de esconder la vigencia del culto a los dioses antiguos. El sincretismo religioso de nuestros días deriva precisamente de esta reacción, que permitió al indígena mantener parte de sus creencias bajo las formas del culto cristiano.
El pesado servicio personal, la mita, la encomienda, instituciones laborales donde el indígena recibía escasos beneficios tras grandes esfuerzos, provocaron insatisfacciones. Si a ellas le sumamos el trauma de la conquista y la aparición de líderes que ensalzaban el milenarismo, podemos entender el estallido de numerosos motines de carácter local y de grandes rebeliones de mayor alcance.
Sobre todo en el siglo XVIII, el clamor del indígena se dirigió contra la figura del corregidor. Estos funcionarios, mal pagados por la corona, acostumbraban realizar los "repartos de mercancías". Mediante este sistema se obligaba al indio a adquirir artículos que no eran de primera necesidad (medias de seda, libros de teología, porcelana china, etc.) e incluso se lo forzaba a endeudarse. Además, muchos corregidores actuaban despóticamente en su jurisdicción, tolerando abusos y disponiendo de la mano de obra indígena.
También hubo convulsiones producto de la ubicación del nativo en la pirámide social. La sociedad estamental colonial relegaba al aborigen a uno de los estamentos más bajos, existiendo escasas posibilidades de integración en la sociedad liderada por el estrato hispanocriollo. Los motines urbanos, con participación de mestizos y castas, estallaban precisamente por estas desigualdades.
Actualmente, los pueblos originarios resisten en la Patagonia argentina y en Chile, la privatización que ambos estados han realizado de sus tierras. Los conflictos mas importantes son los desatados entre mapuches y empresarios como Benetton o Marcelo Tinelli, quienes compararon esas tierras "legalmente".
Actualmente, los pueblos originarios resisten en la Patagonia argentina y en Chile, la privatización que ambos estados han realizado de sus tierras. Los conflictos mas importantes son los desatados entre mapuches y empresarios como Benetton o Marcelo Tinelli, quienes compararon esas tierras "legalmente".
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