domingo, 4 de agosto de 2019

Aculturación y resistencia indígena

     La aculturación se refiere al resultado de un proceso en el cual una persona o un grupo de ellas adquieren una nueva cultura (o aspectos de la misma). Los individuos de la cultura dominada se adaptan, es decir se aculturan, incorporando elementos de la cultura dominante.​ Una de las causas externas tradicionales ha sido la colonización, como lo observamos en el proceso colonial español en América.
     Las luchas territoriales entre los portugueses (bandeirantes) y los españoles –ninguno acataba el Tratado de Tordesillas– llevó al rey de España, Felipe II, a enviar a los jesuitas a la zona. Corría el año 1585 y la misión que les encomendó era tanto defender las fronteras españolas de los ataques de los bandeirantes, como cristianizar y «educar» a los indios guaraníes en las costumbres españolas, evitando, de paso, que fueran capturados como esclavos o que se rebelaran a la conquista a la que se encontraban siendo sometidos. La esclavitud de los guaraníes era habitual en ambos reinos, en el de Portugal porque allí era legal y en el de España porque, a pesar de existir una ley que lo prohibía, tampoco se respetaba.


 LAS MISIONES JESUITICAS

    Los monjes jesuitas (orden religiosa aprobada por el papa Pablo III en 1540) buscaban evangelizar a los indios, pero también su cooperación en la defensa de las fronteras. Frente a los cambios impuestos por la evangelización: rechazar sus creencias, abandonar sus costumbres semi-nómadas, ser controlados en su trabajo…, les «permitían» mantener su idioma –sólo para usarlo entre ellos, puesto que para tratar con los sacerdotes debían usar el latín– y «dejaban» cierto poder a los caciques, jefes, de cada comunidad. Los caciques de las comunidades de una misión formaban un cabildo en el que tomaban decisiones. De cualquier forma, eran los párrocos los que se encargaban de la gestión de la reducción, así como de la enseñanza. Como el cargo de cacique pasaba de padres a hijos, los hijos también contaban con «privilegios». En este caso era el de ir a la escuela, el resto de niños de la reducción asistían a los talleres donde aprendían un oficio: carpintero, herrero, orfebre, etc. También eran educados militarmente. La militarización de las misiones llevó al envío de soldados para enseñar las técnicas europeas de guerra y al uso de esta fuerza para sofocar rebeliones internas en otros puntos de la zona.
     Existen dos visiones históricas contrapuestas acerca del rol ejercido por los jesuitas en América: por un lado, se encuentran aquellos que sostienen que su obra significo un proyecto humanístico, recalcando el buen trato que recibieron los indígenas y la relación pacifica entre ambas culturas. Sin embargo, otros historiadores, concuerdan en que ejercieron un rol fundamental al inculcar la cultura colonizadora, lo que facilitó la conquista de dichas poblaciones.


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Imagen de una típica misión jesuitica.

TÁCTICAS Y ESTRATEGIAS DE RESISTENCIA INDÍGENA A LA CONQUISTA ESPAÑOLA


    Los pueblos originarios de nuestro continente se vieron sometidos a todo tipo de abuso por parte de los europeos. En todo momento considerados inferiores y sometidos a trabajos forzados, la historia de la resistencia se inicia el mismo día que Colon arriba a América.
    El rechazo se manifestó de diversas maneras, abarcando desde la simple resistencia pasiva incorporada al quehacer diario, hasta la rebelión armada y generalizada. En muchas zonas conquistadas por el español, los nativos continuaron con sus viejos ritos y creencias, desafiando a la autoridad que intentaba imponer su religión. Estallidos locales y motines de variada intensidad conmovían de tanto en tanto a todas las provincias de la América colonial. Por último, en importantes regiones alejadas de los grandes núcleos urbanos, la guerra permanente caracterizó las relaciones hispano-indígenas.
    Generalmente las rebeliones eran estimuladas por hechiceros que anunciaban la llegada de nuevos tiempos. Predicaban el abandono del cristianismo y la vuelta a las tradiciones precolombinas a través del restablecimiento del orden interrumpido por la conquista. En muchos lugares, el milenarismo actuó silenciosamente a espaldas del español, originando movimientos que cuestionaban la dominación hispana en un plano ideológico y cultural. Quizás el caso más conocido fue el del Taqui Ongo en el Perú de las últimas décadas del siglo XVI. Este movimiento preconizó el enfrentamiento de los dioses indígenas con el dios cristiano, donde el triunfo pertenecería a los primeros. De esa manera, los europeos serían expulsados del mundo andino, iniciándose un nuevo ciclo cósmico.
    A la rebelión violenta y al milenarismo hay que agregar la incorporación parcial de algunos elementos de la doctrina católica, con el propósito de esconder la vigencia del culto a los dioses antiguos. El sincretismo religioso de nuestros días deriva precisamente de esta reacción, que permitió al indígena mantener parte de sus creencias bajo las formas del culto cristiano.
    El pesado servicio personal, la mita, la encomienda, instituciones laborales donde el indígena recibía escasos beneficios tras grandes esfuerzos, provocaron insatisfacciones. Si a ellas le sumamos el trauma de la conquista y la aparición de líderes que ensalzaban el milenarismo, podemos entender el estallido de numerosos motines de carácter local y de grandes rebeliones de mayor alcance.
    Sobre todo en el siglo XVIII, el clamor del indígena se dirigió contra la figura del corregidor. Estos funcionarios, mal pagados por la corona, acostumbraban realizar los "repartos de mercancías". Mediante este sistema se obligaba al indio a adquirir artículos que no eran de primera necesidad (medias de seda, libros de teología, porcelana china, etc.) e incluso se lo forzaba a endeudarse. Además, muchos corregidores actuaban despóticamente en su jurisdicción, tolerando abusos y disponiendo de la mano de obra indígena.
    También hubo convulsiones producto de la ubicación del nativo en la pirámide social. La sociedad estamental colonial relegaba al aborigen a uno de los estamentos más bajos, existiendo escasas posibilidades de integración en la sociedad liderada por el estrato hispanocriollo. Los motines urbanos, con participación de mestizos y castas, estallaban precisamente por estas desigualdades.
    Actualmente, los pueblos originarios resisten en la Patagonia argentina y en Chile, la privatización que ambos estados han  realizado de sus tierras. Los conflictos mas importantes son los desatados entre mapuches y empresarios como Benetton o Marcelo Tinelli, quienes compararon esas tierras "legalmente".

Unidades productivas: La hacienda colonial (Siglos XVI al XIX)



La hacienda colonial fue una explotación rural extensa, descapitalizada y auto-suficiente, que sustentó los objetivos sociales de la élite dominante, la cual utilizó el sistema de servidumbre para su beneficio, y cuyo poder se sustentó en la explotación minera en un primer momento, y la producción agrícola después,  en el marco de una economía ‘‘cuasi feudal’’, poco tecnificada y con salarios abonados en especie y no en dinero.
Desde 1530 se introdujo en estas unidades productivas el cultivo de la caña de azúcar, que requería mayores inversiones, concentrada en manos de señores que podían acceder a la tecnología y esclavos africanos. Simultáneamente, se dio la expansión de las estancias de ganados, sobre todo en puntos de población minera, generándose así un proceso de integración, funcionando las minas como polos de atracción para las numerosas oleadas de población. Con la expansión minera y su capacidad de consumo, fueron desarrollándose pueblos agrícolas especializados, haciendas y ranchos agropecuarios.  Esto se tradujo en una mutación geográfica, por la multiplicación ganadera, a lo cual se sumó la despoblación indígena, que generó muchas tierras disponibles. La ganadería era diversificada: cría de caballos y mulas para carga, ganado menor para carne y lana, y el desarrollo de una economía de extracción sobre el vacuno para la exportación de cueros. También supieron tener lugar las huertas, viñedos y obrajes textiles.
El caballo y la mula sirvieron como transporte y herramienta militar. Por esta razon por su vinculación con los centros mineros (carga y transporte), más los efectos positivos generados por la caída demográfica (disponibilidad de tierras) aquellas unidades que se encontraban cerca de las rutas de acceso a los puertos, se dedicaron, también, a la exportación de cereales, especialmente trigo.
La hacienda fue una forma de vivienda colectiva, en donde se daban relaciones sociales entre los terratenientes, peones, indígenas y esclavos. Se debe pensar en los modos de vida de los propietarios, generalmente  criollos descendientes de los primeros conquistadores (con cierta tendencia a la concentración de las tierras y riquezas), muy diferentes a los del resto de los trabajadores (capataces, peones arrendatarios o trabajadores temporarios) generalmente indios, mestizos y mulatos.

Imagen de una típica hacienda colonial.

                                     Hacendado (o patrón de estancia).
                                     Nativos trabajando en una encomienda.